Archivo de la categoría: Prosa

Subconsciente

Cuando era joven las mujeres en sus sueños húmedos no tenían rostro, o al menos no reconocía en ellos a nadie en particular. Excepto en algunas ocasiones cuando claramente sus parejas orínicas tenían una identidad, la de alguna de sus compañeras de universidad o de trabajo. Cuando despertaba cavilaba sobre por qué había soñado con la persona en concreto y en cuestión. ¿Acaso le gustaba? No, solían ser mujeres que de por sí, hasta donde las conocía, y mientras permaneciera despierto, no le atraían. Además con las que no detentaba ninguna oportunidad puesto que le ignoraban claramente. Por ello su razón le decía que se olvidase, que no le diese más vueltas. Pero tras el paso de los días, las semanas e incluso meses, por algún desliz, algún detalle o confesión, se daba cuenta o descubría que su razón se equivocaba, que esas muchachas sí se sentían atraídas por él, sin embargo eran tímidas y lo ocultaban. De algún modo era como si su subconsciente, mucho más perspicaz y perceptivo que su parte consciente, le comunicase en sueños de lo que en el día a día no se percataba.

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Trasgos

Mi abuelo creía en trasgos. Y eso que ya era un hombre de setenta años poco dado a las fantasías. Recuerdo que cuando de pequeño iba a la granja en el pueblo, le veía cada noche dejar en el establo de las vacas un cubo con un fondo de leche, y cuando le preguntaba que para qué lo hacía, me confesaba: “Ya sabes, para que no se ofendan”, y señalaba con un dedo a la oscuridad.

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El cangrejo ermitaño

La primera imagen que se me viene a la cabeza es la de un cangrejo ermitaño que busca casa. Representa como la necesidad básica de guarescerse, de resguardarse bajo un techo. En concreto en este caso bajo un techo ya construido. No hace falta diseñarlo, modelarlo o levantarlo. Es una realidad física que está ahí y solo hace falta hacer uso de ella.

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Impermeable

La galaxia refulgía con la belleza que solo el caos y la autoorganización podían generar. Ulises recibió esa imagen en la cabeza y supo enseguida que no podía provenir de ningún ser humano. Haría falta viajar durante doscientos mil años a la velocidad de la luz para contemplar la Vía Láctea desde esa perspectiva, aparte de que aquel ser parecía moverse entre galaxias, en el inmenso abismo de oscuridad vacío de estrellas.

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El conflicto

Decía una compañera que el conflicto es consustancial a la profesión de profesor, pelearse con un niño o niña que no quiere trabajar, que se hace el remolón, que te falta al respeto. A veces observo a algún colega entrar en acción y hasta a mí me da miedo la manera como afrontan las disputas, con esos ataques de furia repentina, se encuentran tan tranquilos y de repente parecen que vayan a echar espuma por la boca con un vocerío y un griterío que hasta a ti te pone nervioso.

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Así habló Frodo Bolsón

Un aire gélido sopló del sur, “un aire impropio” lo denominaron algunos ya que era final de primavera, el trigo amarilleba en los campos esperando a ser recogido y las praderas junto a los arroyos verdeaban sobre “La Comarca”. Tan impropio que les cogió a todos de sorpresa, la mayoría de los hobbits trataron de resguardarse dentro de sus camisas y de sus chales, y ni siquiera el calor de las pintas ni de la carne asada pudo consolarles.

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Vales

Durante la crisis hubo un año en que no pude comprar regalos. En su lugar preparé paquetes de vales. Vale por un abrazo, vale por hacerte la cama y arreglarte el cuarto, vale por una canción. Vale por un poema, aunque por entonces no escribía poemas. Y la sonrisa de circunstancias de expresar: “Lo siento pero en mis condiciones esto es lo único que puedo obsequiar”. Al menos tengo casa, por lo menos no estoy en la calle. Y había amigos que me escribían, con los que quedaba, aunque fuera para pasear, para vivir del aire. Y la expresión de mi padre que fue la misma que si le hubiera hecho un presente de cien euros. Qué mala son algunas personas para recibir regalos. Estilográfica, cara seria. Botella de vino, cara seria. Paquete de vales, bostezo sin concesiones. Sin embargo, qué buenas son para hacer entender que en la riqueza y en la pobreza la tristeza es la misma. Y la alegría. Y la compañía.