Archivo de la etiqueta: Ciencia Ficción

Un dios disconforme

Hay un dios en mi cabeza que no me habla, que no me susurra al oído, pero que da pinchazos, propina pellizcos. Toda vez que estoy contento, que podría estabilizarme, quedarme acomodado en un sitio, me incita: “Se podría hacer mejor” o “Mejor actuar de otra manera, buscar otro modo, distinto, diferente, original”. Es como una congoja en el pecho, una duda que se queda en un rincón de la mente y no desaparece. Un dios disconforme que prefiere el cambio, pero no por ello el mar rugiente, la tormenta, la tempestad. A fin cuentas, el caos continuo llega a resultar anodino.

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Un campo de césped

Como era habitual antes de cada partido, el cortador de césped preparaba el campo de fútbol a lomos de su pequeño tractor. Se estaba convirtiendo en una tradición. Con la máquina segadora fijaba la longitud de la hierba, con los aspersores su humedad. Mientras tanto, cada vez que Isidoro, que así se llamaba el esforzado jardinero, pasaba junto a las gradas, recibía las lindezas de los aficionados. Los hombres mayores que lo llamaban “pringado”. Los jugadores del equipo de fútbol masculino que lo apodaban el “tarado”. Las del equipo femenino que se burlaban de él como el “castrado”. No tenía novia, ni nada que se le pareciera. Si una chica se acercaba se iba de vientre, tan tímido se mostraba. Corto de estatura, alfeñique, con gafas de culo de vaso, vestido como lo ataviaba su madre, con pantalones azules, jersey y camisa a rayas a juego. Alguna vez lo habían esperado al término del evento. Más de una ocasión los jugadores habían tratado de tenderle una emboscada para burlarse, bajarle los pantalones, o meterlo en un contenedor. Y si no fuera por el presidente del club más de una vez lo habrían hecho.

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Macarena mi amor

1.

La última relación de Macarena había fracasado. Como las anteriores. Había hecho falta viajar a un país extranjero para darse cuenta. Parecía que la culpa recaía en ella y solo en ella. El hombre decía que claudicaba, que no podía soportar más sus silencios; lo desmesurado que se había esforzado, los sacrificios que había realizado para que aquello funcionara, y sin embargo lo poco que ella lo valoraba, como si no se percatara, como si no supiera que la amara o no le importara que la amara.

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Gran Madre

Aun siendo un universo tan vasto, su vida entera había transcurrido en una mota de polvo. Nunca subió por el ascensor orbital, jamás holló el espacio. A lo más lejos que acudió fue a la capital a alguna sesión del Parlamento planetario. Se casó. Tuvo once hijos. Desde luego ese fue su rasgo más peculiar, el que le diferenciaba mayormente. Ese, y que pertenecía a un clan de la nobleza solar.

Sin embargo, Licer Navia no hacía ostentación de su cargo, se comportaba por lo común humilde. Había aprendido de su tío al que sucedió que sus privilegios nobiliarios se consolidaban en orden al servicio que prestaba a sus conciudadanos. Era continental de Erimala, la circunscripción más grande de Sobel en el sistema solar de Eridani. Pero también la más despoblada del planeta. Volcanes de decenas de kilómetros de altura, zonas de desprendimiento frecuente, fuentes de magma que surgían en los lugares más insospechados…

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Naves misteriosas

O en inglés en el original “Silent Running”. De vez en cuando, de creer que está todo visto, que no queda por descubrir nada en el mundo del celuloide, de repente te enteras de un título nuevo, o más bien antiguo pero relativamente desconocido, que realmente merece la pena. Una película contradictoria. ¿Cómo puede una de ciencia ficción observarse como una epopeya hippie? Esa es la pregunta que resuelve “Silent Running”.
“Naves misteriosas” puede concebirse como una película premonitoria. ¡Cómo no! Se trata de ciencia ficción. Pero no hay tantas que el mensaje que exponen se vuelva de tal vigencia tan poco tiempo después. Se rodó en 1972, un año antes de la crisis energética. Y precisamente trata de eso que se volvería tan fundamental: la disquisición entre tecnología y naturaleza. La pregunta por cómo debe ser el verdadero progreso. ¿Ajeno a lo natural? ¿O en cambio acorde con los valores medioambientales? Se trata de una epopeya hippie porque hoy en día conocemos la respuesta, pero en aquel tiempo planteaba una cuestión que muchos no sabrían aceptar. Recuerdo a un compañero estudiante de arquitectura de un país en vías de desarrollo, no voy a decir cual, que cuando se le preguntó acerca de qué entendía por arquitectura, o qué entendía por ingeniería o por progreso, contestó algo así como “cortar árboles, destruir bosques y construir casas, estructuras e infraestructuras”. Como he dicho, hoy en día nuestra manera de pensar es bien distinta, pero no lo era tanto en 1972 donde la mayoría estaría de acuerdo con este chico. Incluso puede hoy en día haber quien piense en esa definición como acertada. Si es así le recomiendo encarecidamente que vea “Naves misteriosas”.
Además, sobre “Naves misteriosas”, aparte de su mensaje ecológico, de la banda sonora de Joan Baez, o de las magníficas maquetas de naves espaciales, cabe destacar a sus robots. Durante mucho tiempo estuve buscando o reflexionando sobre cual era el precedente que inspiró WALL-E. Ahora lo sé, los robots de “Silent Running”, incansables, no precisamente antropomorfos, algo amorfos, y sin embargo dotados de una humanidad inexplicable, de una humildad y de una sencillez que te hacen decir: ¿por qué robots tan complicados cuando existen los de Silent Running que con sus solos movimientos, con la sola apertura de sus compuertas, traslucen mayor emotividad que muchos actores humanos (especialmente si hablamos de ídolos de jovencitas con nombre de edificio)?

Impermeable

La galaxia refulgía con la belleza que solo el caos y la autoorganización podían generar. Ulises recibió esa imagen en la cabeza y supo enseguida que no podía provenir de ningún ser humano. Haría falta viajar durante doscientos mil años a la velocidad de la luz para contemplar la Vía Láctea desde esa perspectiva, aparte de que aquel ser parecía moverse entre galaxias, en el inmenso abismo de oscuridad vacío de estrellas.

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Spiderman: un nuevo universo

Se actualiza al héroe, se moderniza el cómic, el personaje, la estética, la música, la técnica, la sensibilidad. La nueva entrega del arácnido es el Spiderman del revisionismo, políticamente correcto, del posmodernismo, de la posverdad. Spiderman nació de la mano de blancos frikis e inadaptados, y en principio creado para un público juvenil o igual de friki e inadaptado. Los tiempos avanzan. Los superhéroes ya no son solo para frikis. Iconos de la cultura de masas. Hay que diversificar, ampliar para todos los gustos y credos. Si incluso hay un spider cerdo para un público infantil de dibujos animados. Y las viejecitas que antes eran cándidas y desvalidas son capaces de sacar a patadas a un malote de piel de piedra a la calle. El nuevo Spiderman es sin duda diferente. Daba miedo que la franquicia se hubiera pasado a la animación después de sus títulos de carne y hueso. Pero el resultado es espectacular, una obra de arte, infundiéndose de estética urbana y graffitera, de colores estridentes, fluorescentes y chillones. Nuevas técnicas, nuevos códigos para expresar cuestiones como interferencia cuántica o inestabilidad genética. Quizás se echa de menos la expresividad de los actores, de ese doctor Octopus interpretado por Alfred De Molina. La animación todavía no llega a eso. Pero ahí está, en el camino. En medio del periplo.