Archivo de la etiqueta: Cuentos

Trasgos

Mi abuelo creía en trasgos. Y eso que ya era un hombre de setenta años poco dado a las fantasías. Recuerdo que cuando de pequeño iba a la granja en el pueblo, le veía cada noche dejar en el establo de las vacas un cubo con un fondo de leche, y cuando le preguntaba que para qué lo hacía, me confesaba: “Ya sabes, para que no se ofendan”, y señalaba con un dedo a la oscuridad.

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Universo Cinocuo

Universo Cinocuo (epub)

Universo Cinocuo (pdf)

Universo Cinocuo fue el segundo blog que mantuve y concebí. En una época repleta de cambios, de esperanza, rebeldía, y rabiosa originalidad. Bajo las páginas de esta bitácora en su día se desarrollaron personajes y situaciones que gustaron tanto como “Joko y Abse”, “Perversión en Verde”, “Mi reina dionisíaca” o “Macarena”. Inaugurado en diciembre del 2007 y cerrado en plena crisis económica, el documento a continuación, que pueden descargar en formato epub y pdf en los siguientes enlaces, se trata de una recopilación de las mejores entradas a lo largo de estos años.

Asimismo, puesto que estas entradas fueron redactadas a lo largo de mucho tiempo, se convierten en testigo de una evolución. Un capítulo de mi vida, muchos capítulos de mi vida. Recién llegado a Barcelona, mi estancia en Escocia, o la desesperación al contemplar que la crisis no remitía.

El cangrejo ermitaño

La primera imagen que se me viene a la cabeza es la de un cangrejo ermitaño que busca casa. Representa como la necesidad básica de guarescerse, de resguardarse bajo un techo. En concreto en este caso bajo un techo ya construido. No hace falta diseñarlo, modelarlo o levantarlo. Es una realidad física que está ahí y solo hace falta hacer uso de ella.

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Impermeable

La galaxia refulgía con la belleza que solo el caos y la autoorganización podían generar. Ulises recibió esa imagen en la cabeza y supo enseguida que no podía provenir de ningún ser humano. Haría falta viajar durante doscientos mil años a la velocidad de la luz para contemplar la Vía Láctea desde esa perspectiva, aparte de que aquel ser parecía moverse entre galaxias, en el inmenso abismo de oscuridad vacío de estrellas.

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El conflicto

Decía una compañera que el conflicto es consustancial a la profesión de profesor, pelearse con un niño o niña que no quiere trabajar, que se hace el remolón, que te falta al respeto. A veces observo a algún colega entrar en acción y hasta a mí me da miedo la manera como afrontan las disputas, con esos ataques de furia repentina, se encuentran tan tranquilos y de repente parecen que vayan a echar espuma por la boca con un vocerío y un griterío que hasta a ti te pone nervioso.

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Así habló Frodo Bolsón

Un aire gélido sopló del sur, “un aire impropio” lo denominaron algunos ya que era final de primavera, el trigo amarilleba en los campos esperando a ser recogido y las praderas junto a los arroyos verdeaban sobre “La Comarca”. Tan impropio que les cogió a todos de sorpresa, la mayoría de los hobbits trataron de resguardarse dentro de sus camisas y de sus chales, y ni siquiera el calor de las pintas ni de la carne asada pudo consolarles.

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Arlene en la distancia

1.

Después de haber sido sentimentalmente apaleada en numerosas ocasiones, Arlene por fin podía decir que había encontrado a un hombre bueno. No es que nunca hubiera conocido a un varón amable y correcto, pero tampoco es que, aunque contando con esas cualidades, ella estuviera dispuesta a emparejarse con alguien soso o aburrido. Su talante era de una nobleza desmesurada, con una sinceridad a prueba de rumores, y a la vez había en su conversación una pizca de ingenio, un cierto cinismo que lejos de escandalizarla la hacía reír. Podía ir con él a las representaciones de teatro más vanguardistas, a las sesiones de cine independiente, a las exposiciones de los artistas más transgresores, y paralelamente reconocía en él un cierto regusto clásico cuando quería mantener las distancias en la relación, ir poco a poco, conociéndose mejor mutuamente antes de llegar a más. Y, por si fuera poco, era bastante atractivo; y, por lo que iba conociendo semana tras semana, además buen amante. Parecía una contradicción que todas esas cualidades pudieran reunirse en una sola persona, pero allí estaba, saliendo con ella cada viernes, cada sábado, cada domingo, y a veces, si el trabajo lo permitía, también entre semana. Incluso Stephany, su mejor amiga, que solía desconfiar de los extranjeros, y particularmente de los españoles, tenía que confesar que esta vez Arlene había cazado una buena pieza, incluso que llegaba a sentir hasta una cierta envidia.

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