Archivo de la etiqueta: Fantasía

Trasgos

Mi abuelo creía en trasgos. Y eso que ya era un hombre de setenta años poco dado a las fantasías. Recuerdo que cuando de pequeño iba a la granja en el pueblo, le veía cada noche dejar en el establo de las vacas un cubo con un fondo de leche, y cuando le preguntaba que para qué lo hacía, me confesaba: “Ya sabes, para que no se ofendan”, y señalaba con un dedo a la oscuridad.

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Impermeable

La galaxia refulgía con la belleza que solo el caos y la autoorganización podían generar. Ulises recibió esa imagen en la cabeza y supo enseguida que no podía provenir de ningún ser humano. Haría falta viajar durante doscientos mil años a la velocidad de la luz para contemplar la Vía Láctea desde esa perspectiva, aparte de que aquel ser parecía moverse entre galaxias, en el inmenso abismo de oscuridad vacío de estrellas.

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Así habló Frodo Bolsón

Un aire gélido sopló del sur, “un aire impropio” lo denominaron algunos ya que era final de primavera, el trigo amarilleba en los campos esperando a ser recogido y las praderas junto a los arroyos verdeaban sobre “La Comarca”. Tan impropio que les cogió a todos de sorpresa, la mayoría de los hobbits trataron de resguardarse dentro de sus camisas y de sus chales, y ni siquiera el calor de las pintas ni de la carne asada pudo consolarles.

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Alunados

1.

Cabría preguntarse si todos esos viejos sueños de la humanidad de viajar a las estrellas, colonizar otros mundos, y explorar los límites del universo, fueran posibles o estuvieran limitados por una sencilla circunstancia: que en todos esos lugares no hay Luna. Los científicos todavía no han concluido que nuestro querido satélite influya sobre nuestro organismo, y sin embargo las estadísticas demuestran que en Luna llena nos sentimos más exaltados, se incrementa el número de asesinatos, de trifulcas, conducimos a mayor velocidad, nos comportamos de manera más impetuosa, aumentan los accidentes, y se acrecienta considerablemente la tasa de suicidios.

De este modo es posible que alejados del influjo selenita nuestro ser nos dé más de una sorpresa. Es posible que de repente cuando viajemos más allá de la influencia de la Luna nos volvamos apáticos, sin sustancia; que nuestras almas, ante el pavor al inmenso vacío sideral, abandonen nuestros cuerpos y regresen al pedazo de roca madre; o que en esos nuevos mundos los lobos busquen nuevos hitos hacia los cuales aullar. Como en Marte, donde los que echen en falta con nostalgia el satélite terrestre mirarían siempre al cielo ansiando el momento en que el brillo acuoso de algún extraño planeta errante, de alguna insólita conjunción, aparezca en la noche.

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