Archivo de la etiqueta: Juvenil

Trasgos

Mi abuelo creía en trasgos. Y eso que ya era un hombre de setenta años poco dado a las fantasías. Recuerdo que cuando de pequeño iba a la granja en el pueblo, le veía cada noche dejar en el establo de las vacas un cubo con un fondo de leche, y cuando le preguntaba que para qué lo hacía, me confesaba: “Ya sabes, para que no se ofendan”, y señalaba con un dedo a la oscuridad.

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Como niño

En mis recuerdos me veo como niño,

en mi infancia, contemplando desde una menor altura, con ojos de crío,

con mirada inocente, sentado en el sofá, afuera el frío,

en el hogar de mis padres,

entre la calidez de los abrazos de mi madre;

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La canción de Cazarrabo. Tad Williams

Con el calor mi gata acoge posiciones inverosímiles buscando el fresco. La miro, y aunque “La canción de Cazarrabo” va sobre felinos difícilmente la contemplo como uno de los personajes de esta novela de 1985. Que yo sepa nunca ha estado en una pradera, nunca ha recorrido la espesura de un bosque, o cruzado un río tempestuoso, ni ha necesitado cazar pájaros, topillos o ardillas. Mi gata, a tenor de esta obra, ha dejado de ser salvaje. Pertenece a ese rango de la raza felina domesticado por Ma’an, ha dejado de ser una cazadora, una guerrera.

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Relatos tempranos. Truman Capote

Según detalla la sinopsis y el propio título, este volumen enmarca una serie de cuentos y relatos breves escritos durante la adolescencia hasta los primeros años veinte del autor. El escritor, que posteriormente se volvería un personaje de culto, afila aquí sus artes y sus mañas. Los argumentos son bastante simples; quizás para una mente juvenil, y en una época en la que no estaban saturados de información, truculentos en algunos aspectos, pero hoy en día que pecan de ingenuidad. En algunos casos, con las primeras frases puede uno adivinar el trasunto de la trama. Aunque el valor de un libro como este se halla en el estilo, en comprobar que a tan tiernas edades Truman Capote ya apuntaba maneras de descriptor aguzado, con comparaciones lúcidas, creando sensaciones coloristas y sonoras sobre la trama. Una curiosidad, un divertimento, como preparativo para narraciones más arduas y comprometidas.

Vivir es fácil con los ojos cerrados

Película sorprendentemente pueril teniendo en cuenta todo lo que ha conseguido, las nominaciones a los premios Goya, las múltiples menciones en prensa, radio y televisión, que fuera designada como candidata española a los Óscar en su año. Vamos, que si apuramos y reducimos aunque solo sea un ápice la carga dramática que el personaje del profesor lleva detrás nos puede salir perfectamente una historia juvenil. Los dos adolescentes incomprendidos en sus hogares, que cogen la maleta y carretera y manta, y tienen la fortuna de toparse en su camino con un maestro algo chalado aficionado a John Lennon. Por supuesto, tiene su parte de denuncia, lo negativo de los tiempos de Franco, la falta de libertad en ocasiones para decidir uno su propio destino. Pero no deja de resultar chocante que se denuncie el franquismo, y sin embargo no lo hace con los sueños de libertad acompañados de consumismo que el imperialismo trae implícitos.

En resumen, en mi opinión, un título que únicamente se sostiene a base de mitomanía. John Lennon, los felices tiempos de los inicios del cine en Almería. Hablando de Almería, y ahora que estoy aquí, la película es recomendable solo por recordar los viejos tiempos del cine, antes de los invernaderos y de la burbuja inmobiliaria. Aunque, si se trata de añoranza y de mitomanía cinéfila, mucho mejor que “Vivir es fácil con los ojos cerrados” el siguiente documental:

Si los paisajes hablasen

Requisitos para ser una persona normal

Escribo esta entrada escuchando a Vicky Larraz, la primera cantante de Olé Olé. “Requisitos para ser una persona normal”, película de la realizadora española Leticia Dolera que ella misma protagoniza. Disculpen si me equivoco pero me parece que es la primera vez que se toca el tema de la normalidad en el cine español, no obstante una tradición tan norteamericana. Por rememorar ahora mismo, una mítica de los 80, “Revenge of the Nerds”, y otra más reciente que ha conseguido una legión de fans a sus espaldas: “The Perks of Being a Wallflower” (Las ventajas de ser un marginado). Sobre “Revenge of the Nerds” es un completo desmadre, así como probablemente la que reivindicó y con la que nació el fenómeno “Nerd”, y probablemente también el “Geek”, que aquí con ciertas variantes conocemos como frikismo, aunque por las Américas la palabra “Freak” presenta otras connotaciones.

Respecto a “Las ventajas de ser un marginado”, no habla tanto de la normalidad, pero sí de ser una persona aceptada en un entorno social, etc. Película para adolescentes, con ciertos toques emo, con algún que otro suicidio de por medio, la dureza de creer que todo lo que te rodea es lo único que te vas a encontrar en la vida, de sumergirte en la burbuja y que no te guste. No obstante, respecto a este título creo que alberga en sí una traición al espíritu que pretende enmarcar, porque el protagonista se cura de ser un marginado codeándose con el éxito social, no se da cuenta de que el problema no está en ser como es sino en lo que desea, en no aceptarse a sí mismo y ponerse a buscar a aquellos que parecen tenerlo todo y no que le aceptan por lo que es.

Ahora sí, hablando de la cinta de Leticia Dolera, película para treintañeros y tardoveinteañeros, y no para adolescentes, que es consecuente con lo que quiere contar, preguntarse por si uno es una persona normal, sobre qué significa esta condición, acerca de la importancia de encajar, y al final darse cuenta que mientras tú estés bien qué importa lo que digan y lo que se diga sobre lo que significa ser una persona normal. Película romántica, amable y, toda una proeza en el cine español, sin escenas de sexo explícito. Francamente, no hacen falta. Título de la realizadora Leticia Dolera que se embarca en una aventura rodeándose de una melodía y estética indie pop, casi se pudiera decir continuadora de “Los fresones rebeldes”, en plena nostalgia ochentera pero redundando en un minimalismo feminizado de colores suaves, matices nórdicos de Ikea (nunca mejor dicho) y poéticas posmodernas rayando en lo hipster.

Bueno, dejándome de palabrería pretenciosa, en resumen, para terminar, una película recomendable para ver solo, en pareja, en grupo, y para autoafianzarse.

Trasgos

Mi abuelo creía en trasgos. Y eso que ya era un hombre de setenta años poco dado a las fantasías. Recuerdo que cuando de pequeño iba a la granja en el pueblo, le veía cada noche dejar en el establo de las vacas un cubo con un fondo de leche, y cuando le preguntaba que para qué lo hacía, me confesaba: “Ya sabes, para que no se ofendan”, y señalaba con un dedo a la oscuridad.

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