Archivo de la etiqueta: Literatura

Subconsciente

Cuando era joven las mujeres en sus sueños húmedos no tenían rostro, o al menos no reconocía en ellos a nadie en particular. Excepto en algunas ocasiones cuando claramente sus parejas orínicas tenían una identidad, la de alguna de sus compañeras de universidad o de trabajo. Cuando despertaba cavilaba sobre por qué había soñado con la persona en concreto y en cuestión. ¿Acaso le gustaba? No, solían ser mujeres que de por sí, hasta donde las conocía, y mientras permaneciera despierto, no le atraían. Además con las que no detentaba ninguna oportunidad puesto que le ignoraban claramente. Por ello su razón le decía que se olvidase, que no le diese más vueltas. Pero tras el paso de los días, las semanas e incluso meses, por algún desliz, algún detalle o confesión, se daba cuenta o descubría que su razón se equivocaba, que esas muchachas sí se sentían atraídas por él, sin embargo eran tímidas y lo ocultaban. De algún modo era como si su subconsciente, mucho más perspicaz y perceptivo que su parte consciente, le comunicase en sueños de lo que en el día a día no se percataba.

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La soledad del escritor de fondo

El escritor de repente entendió por qué todas sus relaciones habían fracasado, y era que, aunque precisamente buscaba pareja para alejarse de este estado, sentía un cierto apego a su soledad, se reconfortaba en ella. Sus amantes a menudo habían necesitado demasiados mimos, demasiado cariño, que le alejaban de esa cuota diaria de soledad que requería. Quizás por ello era por lo que se había dedicado con tanto ahínco a escribir. Podría haberse dedicado a correr, a ser un corredor de fondo. O haber sido un pianista solista, o un compositor de música electrónica, gente que trabaja en solitario alejado de distracciones. Pero ni tenía condición física ni oído musical. En su lugar se dedicaba a escribir que, como había descubierto, se trataba de un acto misántropo, misógino y andrófobo.

Universo Cinocuo

Universo Cinocuo (epub)

Universo Cinocuo (pdf)

Universo Cinocuo fue el segundo blog que mantuve y concebí. En una época repleta de cambios, de esperanza, rebeldía, y rabiosa originalidad. Bajo las páginas de esta bitácora en su día se desarrollaron personajes y situaciones que gustaron tanto como “Joko y Abse”, “Perversión en Verde”, “Mi reina dionisíaca” o “Macarena”. Inaugurado en diciembre del 2007 y cerrado en plena crisis económica, el documento a continuación, que pueden descargar en formato epub y pdf en los siguientes enlaces, se trata de una recopilación de las mejores entradas a lo largo de estos años.

Asimismo, puesto que estas entradas fueron redactadas a lo largo de mucho tiempo, se convierten en testigo de una evolución. Un capítulo de mi vida, muchos capítulos de mi vida. Recién llegado a Barcelona, mi estancia en Escocia, o la desesperación al contemplar que la crisis no remitía.

El cangrejo ermitaño

La primera imagen que se me viene a la cabeza es la de un cangrejo ermitaño que busca casa. Representa como la necesidad básica de guarescerse, de resguardarse bajo un techo. En concreto en este caso bajo un techo ya construido. No hace falta diseñarlo, modelarlo o levantarlo. Es una realidad física que está ahí y solo hace falta hacer uso de ella.

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Impermeable

La galaxia refulgía con la belleza que solo el caos y la autoorganización podían generar. Ulises recibió esa imagen en la cabeza y supo enseguida que no podía provenir de ningún ser humano. Haría falta viajar durante doscientos mil años a la velocidad de la luz para contemplar la Vía Láctea desde esa perspectiva, aparte de que aquel ser parecía moverse entre galaxias, en el inmenso abismo de oscuridad vacío de estrellas.

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Así habló Frodo Bolsón

Un aire gélido sopló del sur, “un aire impropio” lo denominaron algunos ya que era final de primavera, el trigo amarilleba en los campos esperando a ser recogido y las praderas junto a los arroyos verdeaban sobre “La Comarca”. Tan impropio que les cogió a todos de sorpresa, la mayoría de los hobbits trataron de resguardarse dentro de sus camisas y de sus chales, y ni siquiera el calor de las pintas ni de la carne asada pudo consolarles.

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